8 Marzo 2007
Me pasa algunas veces, no puedo evitarlo, a veces me avergüenza tanto el comportamiento ajeno que no puedo evitar pensar lo ridículos que somos a otros ojos. El caso de nuestros políticos es, sin duda, el que más vergüenza ajena me da. Me reconozco más liberal que conservador, va en la edad, o en lo que uno ha vivido, no lo se, pero también me se autocrítico y capaz de asumir y afrontar errores propios, tanto míos como de mi entorno. Cuando nuestro gobierno realiza algún comentario, acto, decisión que no me gusta, que no creo ajustada a derecho o que roza el ridículo, que alguna hay, soy el primero en criticar y admitir dichos errores. Pero lo que últimamente me está causando una vergüenza más profunda no es el gobierno socialista, que sus momentos ha tenido, no, es la actitud de "risita" del principal partido (y casi se diría único) de la oposición. Siempre que salen a los medios, manejándolos con una capacidad innata en quién está acostumbrado a fingir, tienen una sonrisa en los labios, una risa lisonjera y falaz que da fe sobrada del conocimiento de lo ruin de sus actos. Manejar como arma la política antiterrorista es vergonzoso hasta la extenuación, el gastar miles (quizá millones) de euros en orquestar una ofensiva que no por ostentosa deja de ser ridícula, es un claro ejemplo del precio que el Partido Popular está dispuesto a hacer con tal de recuperar el poder que perdió a manos no de terroristas islámicos, si no de un descerebrado y prepotente presidente del gobierno al que no le importó hacer el ridículo junto al más ridículo de los presidentes. Defender ahora la actitud de José María Aznar cuando se fotografía en una plaza llena de cruces me parece indignante cuando él es el culpable final de todas las muertes y heridos del 11 de Marzo, por mucho que insistan en tirar balones fuera. Siento vergüenza ajena cuando veo como, nuestros senadores, con grandes vidas, grandes sueldos, grandes panzas infladas de buen vino y viandas, se comportan peor que colegiales y juegan a dar la noticia del día, para vergüenza de todos los españoles que, seamos del signo que seamos, no merecemos tal falta de respeto hacia nuestras instituciones. En las próximas elecciones mi voto valdrá, al menos tanto como el de cualquier otro, es la única justicia, y yo, como demócrata convencido, acataré durante cuatro años como máximo la decisión que tomemos ENTRE TODOS LOS ESPAÑOLES, sea cual sea dicha decisión. Eso es algo que no todo el mundo hace, y así nos va, señores, así nos va.
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5 Marzo 2007
Así me siento yo, abandonado a mi suerte que, habitualmente, no es mucha, todo hay que decirlo, pero es que hoy, esta última semana, estos últimos meses todo se está volviendo loco a mi alrededor. Y es esta maldita enfermedad la que nos enferma a todos, es el ver como se está consumiendo esa persona la que nos consume a los demás, y sin una mano, sin un solo aliento que no sea el de los que están cerca, el de los que saben estar ahí siempre, y que siguen estando, si no fuera por ellos nos consumiríamos de dolor como se consume una vela, hasta apagarnos, como se está consumiendo él, y lo están dejando morir, lo están abandonando a su suerte, que no es mucha, a la nuestra, que no es mucha, y los médicos, analfabetos emocionales, corazas de personas que lo fueron, lo están dejando morir, y yo quiero matarlos, quiero gritarles a la cara que son la peor de las soluciones, que son más ellos el cáncer que el propio cáncer, que solo pedimos respuestas, apoyo, que no se nos ignore, que no se nos de hora como si fuesemos a sellar documentos vacíos, para la muerte no hay horarios, para el dolor tampoco, para los médicos si, y nos abandonan a todos a nuestra suerte, burócratonianos asesinos, protocolarios enfermos de vanidad, desgraciados desconocedores del dolor ajeno al que dejan fluir, sobre todo si es viernes, por que hasta el lunes el doctor descansa, la muerte y el dolor no, pero el doctor descansa, y tiene derecho a ello, como yo lo tengo a odiarlo y a desear que, al menos una vez en su vida, requiera mi aliento para poder respirar, y sea viernes, espero que pueda aguantar sin respirar hasta el lunes...
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23 Febrero 2007
La teoría la tengo clara. Ansiedad, vale, si muy bien, pero le pongas el nombre que le pongas el problema es que no me deja respirar, ni pensar, ni hacer nada con un mínimo de coherencia. Y es que es imposible dejar ir la idea de la enfermedad que nos aqueja, me duele más el dolor ajeno que el propio, que fácil es decir esto, pero a veces es casi cierto, sobre todo ante la imposibilidad de ayudar en nada que no sea estar sentado al lado. Y todo lo demás pasa un segundo plano tan y tan bajo que no importa nada, nada tiene un segudo de valor que no sea lo que me deja sin respirar. La esperanza se ensombrece por el miedo, por el temor irreductible, y poco queda que no sea esperar, pero da miedo levantarse cada mañana pensando que puede ser el día que no quieres que nunca llegue. Ojalá y hoy fuese mañana, y que mañana no fuese nunca.
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22 Febrero 2007
Vamos a dejarnos de zarandajas y a ponernos serios. Esto no funciona, y punto, no hay que darle más vueltas, está claro que el mundo va de culo, y cuando todo se pone negro uno no ve salidas por ningún sitio. Pero con esto no vamos a ningún lado. El problema está claro, conciso, como el agua, si no hay ningún proyecto, si no tienes un mínimo deseo a futuro, si no tienes un mañana, el hoy se pone de un borde y de un cuesta arriba que no veas. Y es así, no hay que darle más vueltas. Necesitas objetivos, reales o no, alcanzables, pero, sobre todo, objetivos que puedas creerte, en los que puedas trabajar. Yo quisiera ser ingeniero de la NASA y enviar cohetes a la luna, pero ese objetivo es absurdo e imposible, necesitaría algo más cercano que fuera capaz de alcanzar, ni demasiado imposible ni demasiado fácil, pero algo que me alegrara cada pequeño triunfo. Cuando yo trabajaba en lo mío, la ilusión de conseguir metas era parte de ese trabajo, ahora, una vez que el trabajo quedó atrás, una vez que decidí que era más la frustración de no poder hacer lo que uno quería que el valor de los pequeños triunfos, me encuentro en una espiral que me recuerda al mar de los sargazos que visitaba Nemo en 20.000 leguas de viaje submarino, un mar en el que flotan restos, recuerdos, antiguos buques, y que me ahoga, por que los triunfos de ahora son tan solo mecánicos y obsoletos. Así que dejemos el trabajo a un lado, comprobado está que si el trabajo es tu vida no vives, y si no lo es tampoco, así que el problema no está en el trabajo, está fuera de él. Debo pensar que tan solo una parte de mi vida se debe de desarrollar bajo los cánones absurdos del mercado laboral, ahora debo construir el resto a través de planes, de objetivos, de metas alcanzables que verdaderamente desee. Y para ello hay que descubrirse de miedos y de falsas esperanzas, hay que analizar lo que me gustaría hacer, lo que de verdad quiero ver, visitar, disfrutar, aprender, leer, y lanzarme a ello, tener deseo de salir del trabajo para pasear, visitar, viajar, cualquier cosa, y si no logro tener ambiciones, mal vamos. Así la vida se convierte en un patio de colegio vacío. Vamos a dejarnos de zarandajas, que si no esto va a poder conmigo.
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8 Enero 2007
El ser humano tiene miedo al Jamás. La eternidad que destila, esa eternidad obscena de un jamás, de un nunca, es la que nos lleva a crear otros mundos. otros dioses, otras vidas, y es que no cabe en la mente humana pensar que esto es todo, que, a partir de aquí, lo único que nos queda es un jamás, un nunca, una eternidad vacía en la que no existimos, la pérdida se hace eterna en el jamás. Pero estamos predestinados a ella, lo único seguro es que llegaremos al punto final que nos da comienzo a nuestro nunca, y que ese punto es el comienzo del olvido que nos difumina hasta desaperecer. Quizá el esparcir nuestras cenizas sobre algún santuario personal pueda parecer frío, pero, al menos para mi, es la opción más adecuada, el yacer eternamente en un oscuro agujero se me hace menos apetecible que el esparcir lo poco que somos por un espacio en el que fuimos o deseamos ser. Y es que, pese a nuestro destino, la esperanza de equivocarnos aquellos que pensamos que existe un jamás, siempre permanece, y a aquellos que pensáis que hay un más allá, afortunados sois, quizá sea menor vuestro jamás que el mío, al menos el miedo a alcanzarlo será menor a buen seguro.
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22 Diciembre 2006
Hace ya demasiados años, mis hermanos y yo nos hacíamos los remolones y, abusando de la buena fe de nuestra madre, la convencíamos para que nos dejara abrir el sofá cama del salón y quedarnos en casa el día 22 de Diciembre para ver el sorteo de la lotería nacional. Era el comienzo de aquellas navidades que se hacían eternas, casi tres semanas llenas de fiestas, de noches en familia, de panderetas y turrones, y el colofón, los Reyes Magos que te dejaban juguetes (para compartir, eso si, que la familia era grande y no demasiado pudiente) por haber sido bueno, eso era lo que yo recordaba. Ahora todo cambia, la familia se reparte, se divide, el año te lleva dando varapalos desde Enero, y lo único que te apetece es que termine, tienes que cumplir con todo el mundo, intentar sobrellevar la presión como buenamente se pueda y aguantar tres fines de semana que parecen más de pasión que la semana santa, ¡ah!, y durante todo este tiempo tienes que ser muy, pero que muy feliz, por que si no la Navidad no tiene sentido.
En definitiva, que trabajando no hay navidad, viviendo fuera de casa, tampoco, y ólvidate de aquellas reuniones de familia llenas de ilusión y buenos deseos.
Que malo es crecer.
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21 Diciembre 2006
Hay dos modos de recibir malas noticias. El primero es recibir malas noticias propias, que respecten a uno mismo y que cada cual asume como buena mente puede, unos mejor, otros peor... El segundo modo es recibir malas noticias de los demás. Esas, a veces, son las peores. Cuando la mala fortuna se ceba con alguien muy cercano a nosotros tenemos dos sentimientos contradictorios, por una parte ese pensamiento irracional de egoista descanso, y por otro la preocupación por no poder ayudar a la otra persona, cuando es alguien muy cercano la frustración es enorme, intentar animar, intentar ayudar, sobrellevar la noticia con entereza, son las únicas armas que nos quedan, pero el no poder intercambiar los roles es un problema dificil de asumir. A veces prefiero que las cosas malas me pasen a mi que a los míos, yo ya veré como salgo de esta, pero me asusta pensar que alguien lo pueda estar pasando mal y yo no pueda hacer nada por ayudarle. Las malas noticias, y de esas tengo unas cuantas, siempre están ahí. Que año, por dios, a ver si termina ya de una vez.
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20 Diciembre 2006
La boca pastosa, las manos temblorosas, los ojos enrojecidos y este olor insoportable a tabaco que no se va de la piel, un rumor contínuo en la cabeza y el ir descubriendo poco a poco cuantas tonterías que nunca hubieras dicho en condiciones normales, soltaste anoche dejando a pasear la lengua. Las comidas de empresa van a terminar conmigo.
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