Hay dos modos de recibir malas noticias. El primero es recibir malas noticias propias, que respecten a uno mismo y que cada cual asume como buena mente puede, unos mejor, otros peor... El segundo modo es recibir malas noticias de los demás. Esas, a veces, son las peores. Cuando la mala fortuna se ceba con alguien muy cercano a nosotros tenemos dos sentimientos contradictorios, por una parte ese pensamiento irracional de egoista descanso, y por otro la preocupación por no poder ayudar a la otra persona, cuando es alguien muy cercano la frustración es enorme, intentar animar, intentar ayudar, sobrellevar la noticia con entereza, son las únicas armas que nos quedan, pero el no poder intercambiar los roles es un problema dificil de asumir. A veces prefiero que las cosas malas me pasen a mi que a los míos, yo ya veré como salgo de esta, pero me asusta pensar que alguien lo pueda estar pasando mal y yo no pueda hacer nada por ayudarle. Las malas noticias, y de esas tengo unas cuantas, siempre están ahí. Que año, por dios, a ver si termina ya de una vez.